lunes, 13 de enero de 2014

Prólogo.


 
"La ausencia es al amor lo que el viento al fuego, apaga al pequeño y aviva al grande."








¿En qué clase de mundo vivimos? En un mundo que te deja amar a alguien con todo tu corazón y así, de la nada te lo arrebata para siempre y termina burlándose de ti, riéndose a carcajadas, dándote portazos en la cara miles de veces, hasta que terminas intentando que tu corazón pierda la razón y la memoria.


¿De amor se muere? Yo realmente creía que sí, pero de amor nadie se muere. Sólo te deprimes, pierdes el apetito, te duele todo y quieres que te trague la tierra, pero no te mueres, lamentablemente, no te mueres.




 Terminas encerrándote en tu habitación, tomando tu celular, poniendo tu canción favorita, mientras cantas; tus lágrimas cayendo por tus mejillas, tomando tu almohada y apoyando tu cara, en silencio gritando, solo para ti: “¡Deja de llorar, lo superaremos como siempre lo hemos hecho!”




 Todo lo que nunca dices Palabras que tal vez, no tengan ningún significado para ti, pero que a otros les devuelven la esperanza. Un pequeño “Te amo” un sencillo “Te quiero”.


Ojala fuera fácil entrar en la mente de las personas, para encontrar una pequeña e insignificante señal de lo que queremos que nos demuestren, de lo que queremos que nos digan, pero no.




“¿Ya es tarde? Aguanta un año más” El “final” de nuestra historia fue más simple que una suma o una resta en matemáticas, pero más difícil que correr cuando la batería de tu celular está a punto de morir y estas en medio de algo, el eligió su camino y yo elegí el mío, ambos elegimos, yo no estaba en su elección, pero el sí estaba en la mía.



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